En un balance de fuerzas a favor y en contra de las Agendas de paz de las mujeres se tiene que, por un lado, los factores a favor guardan relación con la forma como las lideresas y defensoras desde su quehacer cotidiano, comunitario y organizativo impulsan procesos que involucran a otras mujeres y
contribuyen a la defensa de los derechos humanos de las mujeres a partir de una serie de principios inamovibles. Estas fuerzas a favor, se nutren de la mirada contextualizada de sus territorios porque conocen su entorno y saben qué problemáticas y conflictos hay en él, para incidir con propuestas
de cambio.
De otro lado, los elementos en contra tienen que ver con algunas circunstancias que se salen del control de las mujeres y se relacionan con la forma como instancias institucionales y actores políticos no conectan con las necesidades, apuestas políticas y problemáticas particulares de las mujeres, lo que trae
como consecuencia la ejecución de programas de gobierno que pasan por alto todos los requerimientos de las mujeres.
Y si bien, estos agentes políticos suelen usar discursos inclusivos, en la práctica generalmente las propuestas de las mujeres no se
ven proyectadas. Por su parte, la participación política de las mujeres es un trabajo de constante disputa por la palabra en los
escenarios de incidencia. A lo anterior se suma la cultura machista arraigada en todas las esferas tanto cotidianas como de
poder en las que se reduce, señala, estigmatiza, cuestiona el rol de liderazgo de las mujeres.
A FAVOR
EN CONTRA
CON QUÉ HERRAMIENTAS CONTAMOS